Suplemento Cultural de El Derecho Digital

Narrativa Uruguaya

 

Cerraduras    [*]  

Germán Machado Lens    [**]  


Padre es cerrajero. Hace llaves. Arregla cerraduras. Coloca pestillos. Cuando una puerta no funciona, lo llaman a padre. Y padre lleva la valija de las herramientas, y arregla la puerta. Por eso lo llaman, para que arregle llaves, cerraduras, pestillos. Gracias a padre hay mucha gente que puede entrar a su casa. O salir de ella.

Padre dice que trabaja mucho. Yo lo veo trabajar, porque padre me lleva a la cerrajería después que me va a buscar a la escuela. Y lo ayudo. Desde el mediodía hasta que anochece. Padre trabaja y yo también.

Padre dice que trabajar es bueno. Dice que el que trabaja anda derecho y el haragán torcido. A padre no le gustan las cosas torcidas. Cuando una llave le queda torcida se enoja y vocifera insultos para todos lados. Yo me escondo. Los insultos de padre se amontonan adentro de la cerrajería. Son tantos insultos, y tan fuertes, que parece que la cerrajería fuera a explotar.

Padre me dice que tengo que trabajar para no salir torcido. Yo lo ayudo a hacer llaves, a arreglar cerraduras, a colocar pestillos. Cuando las llaves me quedan torcidas, padre me golpea.

El primer golpe sorprende y asusta. El segundo enfurece. El tercero, y los demás, duelen. Padre siempre golpea más de tres veces.

Padre dice que los haraganes terminan siendo chorros. Dice que a los chorros hay que matarlos a golpes. Yo no quiero ser chorro. Por eso trabajo. Y para que padre no me golpee.

Pero padre también dice que a él los chorros le sirven. Fíjate, dice padre, donde antes había una cerradura, ahora hay dos o tres. Y si hay muchas cerraduras, hay que hacer muchas llaves. Y si hay que hacer muchas llaves, hay trabajo. Y eso es bueno. Cuantos más chorros, más trabajo.

Padre no es haragán y no se tuerce porque hay muchos chorros. Yo pienso que si hay muchos chorros voy a tener que ayudar más a padre y no me voy a torcer. Que haya chorros es una suerte para nosotros. Para padre y para mí. Madre murió hace tres años. Después que yo cumplí cuatro.

De afuera la cerrajería parece una heladera. Es blanca y rectangular. Padre dice que las paredes son de fibra de vidrio. La fibra de vidrio es peligrosa porque pica mucho. Si te recostás contra las paredes de adentro te quedan pedazos de vidrio chiquititos clavados en la piel. No los ves, pero te pican y arden. Para que se te vaya el ardor te tenés que bañar.

Cuando padre me golpea, la palma de su mano es como de fibra de vidrio.

La cerrajería es chica. En el costado tiene una puerta y adelante una ventana. Está hecha para que la use una sola persona, mi padre, el cerrajero. Pero cuando llueve yo también entro, y me siento en el piso, a los pies de padre.

La cerrajería es como las cabinas de los guardias de seguridad. Padre dice que ahora ponen esas cabinas en las esquinas para vigilar mejor a los chorros. La gente le paga al guardia de seguridad para que se quede adentro de la cabina y vigile a los chorros. Yo pienso que los chorros le dan trabajo a mucha gente.

La cerrajería está en la esquina de una avenida de doble vía. Tiene una puerta en el costado y una ventana en el frente. Padre atiende los clientes por la ventana. Debajo de la ventana está la rueda de pulir y la morsa. Y encima están colgadas las limas y las llaves sin hacer. Contra la pared de atrás hay un estante donde padre tiene una garrafita para calentar el agua del mate o para calentar panchos o cocinar huevos duros. En invierno, la garrafita también sirve de estufa. La cerrajería es muy fría en invierno, y en verano es muy calurosa.

A las llaves, para que sirvan, hay que hacerlas. Padre compra las llaves sin hacer y luego las hace. Hacer una llave es difícil, porque la llave tiene que calzar bien en la cerradura. La cerradura tiene huequitos en los que deben entrar los dientes de la llave. La llave tiene dientes que deben calzar justito en los huecos de la cerradura. Si a la llave le quedan los dientes derechitos calza bien. Si le quedan torcidos no sirve. A veces padre tiene que repasar las llaves porque no calzan bien. A veces la llave le queda torcida. Entonces padre se enoja y me pega.

Cuando alguien quiere una llave, padre toma una de las que están sin hacer y le corta pedazos con la lima. Luego la pule con la rueda de piedra. Si la pule muy rápido, de la rueda saltan chispas. Es lo que más me gusta. Una lluvia de chispas sale disparada de la piedra dibujando como un triángulo. Me gusta mirar las chispas, que saltan rápido y se apagan antes de golpear las paredes de la cerrajería. Yo también puedo hacer chispas con la rueda de pulir. Hay que hacer girar la rueda de piedra bien rápido y poner una llave o un pedacito de metal. Las chispas son como la lluvia, pero de fuego.

Cuando oscurece, si no hay llaves para hacer, padre cierra la cerrajería y nos vamos para casa. Para cerrar la cerrajería hay que poner una chapa de metal que cubre la ventana y pasar llave a la cerradura de la puerta. En la chapa de la ventana dice CERRADO.

En casa padre prepara la comida para cenar mientras yo hago los deberes. Después cenamos y yo me voy a dormir y padre se pone a ver la tele. No hablamos mucho. Por la noche, casi siempre, padre está triste y enojado.

Nuestra casa es chica. Tenemos un dormitorio donde dormimos padre y yo. Después está la cocina y el comedor, todo junto. Y hay un baño que también es chico. La casa es chica como la cerrajería.

Cuando madre vivía, yo dormía en el comedor. Después padre cambió la cama grande por dos chicas y yo pasé al dormitorio. Yo no sé por qué murió madre. Padre dice que estaba torcida. Las llaves, cuando quedan torcidas, hay que tirarlas.

Ayer me quedó una llave torcida y padre me pegó.

Para pegarme, padre me mete adentro de la cerrajería, cierra la puerta, me ata un pañuelo cubriéndome la boca para que no grite, me obliga a agacharme debajo de la ventana y me patea, o me pega con un pedazo de manguera que tiene colgada junto con las limas y las llaves.

Antes padre me pegaba en la calle. Me agarraba de un brazo y me daba palmadas, o me pegaba manguerazos en la cola y las piernas. Pero un día, una vecina, que padre dice que es una vieja puta, lo denunció a la policía.

Ese día, me acuerdo, vino una mujer policía y le preguntó a padre si era cierto que él me golpeaba. Padre dijo que no. Después me preguntó a mí, y yo dije que no. La mujer policía escribió en una libretita cosas que le preguntó a padre: nombre, dirección, cédula de identidad, estado civil. A mí solo me preguntó si me golpeaba, y yo dije que no. La mujer policía le dijo a padre que al día siguiente tenía que pasar por la comisaría y llevar una libreta. Después se fue.

A partir de ese día, padre me pega adentro de la cerrajería para que la vieja puta no lo vea y no venga la mujer policía.

Ahí va la vieja puta, dice padre cuando la vieja pasa por adelante de la cerrajería. Ella pasa, y hace como que no nos ve. Cuando pasa, yo me escondo, por que me da vergüenza que me vea.

Hoy padre me pegó más fuerte que nunca. Yo estaba haciendo una llave y me distraje con la lluvia de chispas que salía de la pulidora. La llave se partió. Padre estaba al lado de la puerta arreglando la cerradura de un cliente. Cuando se partió la llave, padre me estaba mirando. Se levantó de un salto y dijo guacho de mierda. Recogió la cerradura del piso y se metió para adentro. Todo fue muy rápido. Me ató el pañuelo en la boca, me tiró del banco donde estaba sentado, caí al piso y comenzó a golpear. Primero patadas, luego manguerazos. Vas a aprender, decía. Guacho de mierda, decía. Cuando paró de pegarme me dolía todo el cuerpo, y la cabeza, y las piernas. La vieja puta no vio nada.

Después de golpearme, padre terminó de arreglar la cerradura, tomó la caja de herramientas y se aprontó para irse a la casa del cliente. Vos te quedás acá, me dijo. Cerró la ventana de la cerrajería y después la puerta.

Ahora estoy encerrado en la cerrajería. Está oscuro aquí. Y hay olor a gas. Los otros días padre dijo que la garrafa de la cocinilla pierde gas. Hay mucho olor a gas aquí adentro. Tendría que abrir la puerta, porque este olor me marea. Padre se llevó las llaves, pero quizás yo pueda hacer una llave derechita que calce en la cerradura. Tomo una de las llaves sin hacer y la hago. Primero con la lima, corto aquí y allá. Me tengo que apurar porque el gas me está mareando mucho. El gas huele como los insultos y gritos de papá.

Ahora tengo que pulir. Me tengo que apurar, hay mucho olor a gas. La rueda de pulir va bien rápido. Pongo la llave sobre la rueda. Veo saltar las primeras chispas.

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Publicado en Revista Malabia, No. 8, 2006.

Poeta, narrador, gestor cultural. (Datos del autor)

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