|
Los dinosaurios están bien
Sí, es cierto. Uno siente un especial afecto por aquellos músicos que lo ayudaron a crecer. Por los que vistieron de notas nuestra adolescencia y juventud. Pero hay un fenómeno que va más allá del cariño. 2006 fue un año en el que estos viejos músicos demostraron, hasta con ferocidad, su vigencia. Empezando por el inclasificable Tom Waits y su monumental Orphans, disco triple en donde logró plasmar las múltiples facetas de su inigualable arte. O Bob Dylan con su Modern Times, aclamado por crítica y público, considerado por muchos el mejor disco del año. The Who (o lo que queda de la banda) luego de 24 años, retornan con un vigoroso álbum que demuestra su increíble fuerza y razón para sobrevivir a los años y las pérdidas. Eric Clapton que por fin se da el gusto de grabar con su admirado J.J. Cale, autor de Cocaine y After Midnight entre otros, logrando un exquisito disco. La esperada vuelta de Yusuf Islam (nombre tras el que se esconde Cat Stevens) con An other cup que recibió críticas encontradas pero que recupera, en varios tramos, la magia de ese cantante fundamental en la década de los setenta.
Ninguno de ellos tuvo que recurrir a la auto parodia. Optaron por seguir creciendo en sus obras y obtuvieron álbumes que se encuentran entre lo mejor de la discografía del año pasado. Las presentes reseñas así lo demuestran.
|
Orphans
Brawlers, Bawlers & Bastards
Aunque por extensión y diversidad este disco parece una retrospectiva, quien conozca la esencia autoexigente de Tom Waits tomará con naturalidad que la más reciente publicación del cantautor californiano sea una edición así de atípica. Orphans es un disco triple, ocupado con títulos nuevos y antiguos (estos últimos, entregados antes a otros músicos o a bandas sonoras), grabaciones domésticas, y covers inesperados para canciones seleccionadas del catálogo de gente tan diversa como los Ramones, Leadbelly o Kurt Weill. Separada en tres placas de muy distinguible unidad de estilo cada una, Waits presenta esta colección de 56 canciones como la voz de "Brawlers" (camorreros), "Bawlers" (gritones) y "Bastards" (bastardos), gente con la que él mismo siente una indudable cercanía como autor o cuya voz derechamente elige asumir cuando canta.
La división facilita bastante la empresa auditiva. "Bastards", el tercer disco, es el más desordenado; con experimentos, ensayos y narraciones (incluyendo las de textos de Bukowski y Kerouac) que no pueden considerarse propiamente canciones. Mientras "Brawlers", el primero, es un tributo respetuoso a la raíz de la música rural de su país (y eso incluye desde una versión para un título del bluesero Leadbelly hasta un testimonio contra la guerra en Irak); "Bawlers" concentra un cancionero de hermosura apabullante, para cuya finura la voz de Waits se torna de pronto dócil y medida. Es ésta la placa más amable, y la que le resultará más emotivamente cercana a quien pueda apreciar la profundidad de la sensibilidad adulta que da forma a la despedida de "If I have to go" o la desilusión amorosa de "It's over", cuyos versos son como la extensión natural de ese clima otoñal con el que Waits parece cubrir cada rincón toda vez que abre la boca. Su voz sigue siendo su mejor y más poderoso instrumento, un aúllo doliente y gastado, que de pronto puede volverse juvenil y furioso para rocanrolear en un viejo tema de los Ramones ("The return of Jackie and Judy") o hacer beatbox como el mejor rapero ("King Kong", "Lucinda").
En ese amplio espectro lo que se expone no es más que la anchura del camino que Waits ha elegido transitar durante su carrera; tan lejos de la convención como fiel a una vocación de vanguardia, a la vez imaginativa y apegada a la raíz cultural de Norteamérica. No es osado comparar su actual lucidez con la que desde hace un tiempo distingue también a los discos de Bob Dylan, un cantautor sólo un poco mayor que él. En una trayectoria que ya acumula más de tres décadas, Waits viene ajustándose al foco de la fama desde más o menos el álbum Mule variations, que en 1999 le recordó al mundo la belleza que tradicionalmente le han regalado los excéntricos a la canción popular. Orphans es la consolidación de esa apuesta, un álbum que debe escucharse con la calma y apertura que exigiría un tratado de investigación histórica. Porque son múltiples los mundos que aborda, muchas las voces que asume y porque parece por completo ajeno a la fugacidad de la moda. (Fuente: Cristina Hynde, www.lamusica.emol.com)
|
Endless Wire
Cuando Roger Daltrey cantó “My Generation” en el segundo concierto de The Who en Nueva York, en septiembre, la línea que me llamó la atención no fue la infame “Hope I die before I get old” [espero morir antes de volverme viejo] sino el honesto “fuck you” de “People try and put us down/ Just because we get around” [la gente trata de bajarnos/ sólo porque nos movemos].
El The Who que toca ahora esa canción cada noche es sólo la mitad de la leyenda que la grabó hace 41 años: Daltrey y el guitarrista-compositor Pete Townshend, más un fuerte y afinado equipo de ayudantes. Pero esos dos son más The Who en lucha y compenetración que cualquier cosa que haya visto en vivo bajo ese mismo nombre desde el tour de 1979 con el baterista Kenney Jones, un año después de la muerte de Keith Moon. Y en Endless Wire, el primer álbum de The Who con canciones nuevas desde It’s Hard (1982), Daltrey y Townshend hicieron un registro tan descarado en su forma y justo para su época como The Who Sell Out y Tommy lo fueron en la suya. La voz de Daltrey es más profunda y oscura ahora, incluso en un grito total. Y hay que decirlo: el bajista John Entwistle, que murió en 2002, se extraña mucho. Su estoico barítono y su macabro ingenio lírico eran el confiable toque de humor negro de los álbumes de The Who, especialmente cuando Townshend estaba en su época más conceptual y argumentativa.
Pero éste es el único The Who que queda y, a veces, en Endless Wire Townshend lo usa como una espada vengadora. En sus notas, Townshend dice que escribió “A Man in a Purple Dress” después de ver la película La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Es fácil de escuchar en la canción, en su austero sonido estilo Dylan del 63, el apresurado juicio público después del arresto de Townshend en 2003 por ver pornografía infantil en línea (el cargo fue cancelado). “You are all the same, gilded and absurd” [eres el mismo, dorado y absurdo], canta Daltrey con el mismo gruñido de rabia con que defendió a su compañero en esa ocasión. “Black Widow’s Eyes” se trata literalmente de un amor que mata, inspirado por el asedio fatal de una escuela rusa en 2005. “I fell right in love with you/ As the blood came blowing through” [siento que te amo/ a medida que la sangre sale], confiesa Daltrey, en palabras de Townshend, cuando el guitarrista toca con desgarrador poder las cuerdas contra los tambores à la Moon de Zak Starkey y la lluvia de metralla del platillo. Lo más cercano a una buena carcajada en el álbum es “God Speaks of Marty Robbins”, en la cual Townshend, solo en voz y guitarra, se atreve a interpretar a Dios al principio de la creación, con ganas de terminar su trabajo para poder escuchar a su cantante country favorito.
Musicalmente, Endless Wire suena más como un Who revigorizado cuando se escucha menos como la banda de truenos y relámpagos de Who’s Next. Townshend revisita el vértigo del sintetizador de “Baba O’Riley” y “Won’t Get Fooled Again” en la canción inicial, “Fragments”, y en una repetición posterior. Pero el elemento de sorpresa hipnótica se ha ido. Más efectiva es la mezcla de guitarras: los sonidos agudos de Townshend apuñalan sobre una serie de rasgueos en “Mike Post Theme” and “Black Widow’s Eyes”. El resultado es como los demos caseros de las colecciones Townshend’s Scoops, pero con el punch de una banda en vivo. La mini-ópera “Wire & Glass”, que ocupa la segunda mitad del álbum, es un logro desparejo, como Tommy. Por todo el valor histórico del último, el LP doble original fue básicamente un álbum de grandes y cruciales canciones de Townshend y una de las piezas conectivas que avanzaban la historia. “Wire & Glass”, una especie de partitura de Townshend para su novela inédita The Boy Who Heard Music, tiene la misma calidad fragmentada y su propio momentum quijotesco. (Fuente: David Fricke, www.rollingstone.com.ar)
Nota: la gira de The Who por latinoamérica, que incluía su presentación en el Estadio Monumental de Núñez para el día 24 de marzo de 2007 fue cancelada -o pospuesta dado que existen las dos versiones- al no conseguir estadios abiertos para las fechas concertadas en algunas ciudades de Brasil.
|
Modern times
Antes de escuchar Modern Times, una de las hipótesis posibles era saber qué pensaría Bob Dylan sobre estos tiempos. Allá por los 60, ya había diagnosticado que los tiempos estaban cambiando, y al comenzar el nuevo milenio confirmaba ese dictamen cantando: "La gente está loca y los tiempos son extraños. Me siento raro, fuera de foco, pero las cosas han cambiado".Todo lo que presuponíamos se confirmó: Modern Times es la culminación de la trilogía iniciada por Time Out of Mind (1997) y continuada por Love & Theft (2001). Y, como era de esperarse, no sólo lo muestra en un nivel soberbio: también entrega la certeza de que el hombre que nació viejo se lleva mejor con el siglo pasado que con éste.
Modern Times incluye diez temas de una duración promedio de seis minutos, producidos por el mísmísimo Robert Zimmerman bajo el nuevo seudónimo de Jack Frost. Las canciones van desde rocks de neto corte fifties, como "Thunder on the Mountain", "Rollin’ and Tumblin’" y "The Levee’s Gonna Break" (esta última dedicada a Nueva Orleáns, ciudad muy cara a Dylan según sus Crónicas), hasta ecos a Bing Crosby en "Spirit on the Water" y "Beyond the Horizon" (imposible no relacionarlas con "Moonlight" de Love & Theft). Por supuesto que están las baladas como "Nettie Moore" (arropada por un bellísimo arreglo de cuerdas que se complementa perfectamente con la voz de Bob) y la nocturna "When the Deal Goes Down". Pero hay dos joyas que merecen un comentario aparte: "Workingman’s Blues #2", una melodía ciento por ciento Dylan que evoca desde su piano a Grateful Dead, y "Ain’t Talkin’", un talking blues que cierra el disco y que, quizá por eso, remite a "Highlands" (final de Time Out of Mind). ¿Y las letras? "Mas allá del horizonte, al final del juego, por cada paso que des haré lo mismo", de "Beyond the Horizon", es una buena muestra de la altura del Dylan cosecha 06.Ya vendrán ríos de tinta dedicados a Modern Times, y todas las sentencias (buenas y malas) tendrán su costado de verdad. Por acá, sólo queda decir que el viejo Bob lo hizo de nuevo, lo que no es poco. Esperemos que la llegada de su sucesor tarde menos que estos eternos cinco años.
(Fuente: Pablo Strozza, www.rollingstone.com.ar)
Nota: Modern Times fue votado como mejor disco del año, tanto en edición norteamericana como argentina de la revista Rolling Stone.
|
An other cup
Luego de 28 años alejado de los predios del pop, el músico al cual conocíamos como Cat Stevens retorna bajo una nueva encarnación: Yusuf Islam... o para este álbum simplemente Yusuf. Recordemos que a finales de los 70's Stevens dejó prácticamente todo para avocarse a una nueva etapa en su vida (paradójicamente tras una experiencia cercana a la muerte) al convertirse al islam, desde ahí su carrera como cantautor se fue al freezer y las únicas oportunidades en las cuales los medios volvieron a enfocar sus cámaras hacia él fueron cuando se encontró metido en malentendidos que involucraban sus convicciones, como aquella oportundad en 1989 cuando se le imputó ser uno más de los que reclamaban la cabeza de Salman Rushdie por la supuesta blasfemia cometida en "Los Versos Satánicos". Mientras que su más reciente escándalo se dió el 2004 cuando las autoridades americanas aún perseguidas por la paranoia del 9/11 le negaron el ingreso a los EE.UU. por considerarlo como un "potencial terrorista en actividad" por el supuesto apoyo económico que ofrecía a los hamas.
Un momento, ¿estábamos hablando del mismo hombre que escribió "Peace Train" alguna vez?, o se trataba de otro terrible desatino de la administración Bush. Sea como sea, Yusuf alegó que se le confundió con el sospechoso llamado Youssef Islam. De todo eso, no se nos hace raro que haya decidido incluir en esta nueva producción el cover Don't Let Me Be Misunderstood donde canta fervorosamente aquellas líneas de "soy sólo una alma con buenas intenciones, oh Dios, no dejes que se me malinterprete". Su nuevo disco "An Other Cup", si bien dista de sus años dorados y no se consolida como un retorno redondo, al menos nos trae de vuelta aquella voz intacta que siempre supo balancear la melodía con el alma de sus composiciones. De alguna forma es impresionante que este álbum suene completamente al Cat Stevens de siempre, y eso es lo mejor. (Fuente: Fabricio Santibáñez, www.sad-bastard-music.blogspot.com)
|
The road to Escondido
Que Eric Clapton es uno de los más brillantes guitarristas de blues y rock de la historia es algo asumido por casi todo el mundo. En esa misma categoría podría encuadrarse al estadounidense J.J. Cale, aunque sería un reconocimiento mucho más minoritario. Sin embargo no debería pasarse por alto que la autoría de dos de los éxitos más populares de Clapton, 'Cocaine' y 'After midnight', le corresponde a Cale. Estas dos canciones ayudaron a mediados de los 70 al autor de 'Layla' en su transformación de 'guitar hero' de culto a estrella de las radiofórmulas, mientras que el éxito nunca llegó a llamar con fuerza a la puerta de Cale. Sin embargo ambos han mantenido la amistad durante décadas y Clapton nunca se ha cansado de mencionar a Cale como una de sus mayores influencias.
Sobrepasados con creces los 60 años, los dos guitarristas han logrado reunirse para grabar un disco conjunto, 'The road to Escondido'. Un proyecto que ambos siempre tuvieron en mente y que concretamente para Clapton supone el cumplimiento de un sueño, según él mismo ha reconocido. "No hay palabras para describir lo que Cale representa para mí, en lo musical y en lo personal, y tampoco quiero abrumarle con un exceso de elogios, pues es de verdad un hombre sencillo. Creo que basta con decir que lo hemos pasado bien, que hemos hecho un gran disco y que yo ya tengo ganas de hacer otro más", comenta 'Mano lenta' en la hoja promocional del álbum.
De hecho es Cale el que carga con la responsabilidad compositiva en once de los catorce temas de un trabajo que transcurre por el rock, el blues, el country y el folk. Géneros en los que los dos músicos se mueven como peces en el agua, aunque por si acaso han recurrido a una impresionante nómina de colaboradores que incluye a Taj Mahal, John Mayer, Nathan East y muy especialmente Billy Preston. Al legendario tecladista, colaborador en su día de The Beatles y fallecido el pasado mes de junio, está dedicada la obra. (Fuente: El Pais.com)
Volver al índice general
Volver a Sección Música
|
| | | | |